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Sicaria de los Zetas relató que le gustaba tener relaciones con los decapitados y beber su sangre

Juana alias "La Peque" es una criminal recluida en un Centro de Reinserción Social de Baja California. Perteneció al cártel de los zetas y se le atribuyen decapitaciones y desmembramiento corporal. Pasó de ser sexoservidora a prestar servicios de halconeo, es decir, practicar el espionaje de militares y policías, para terminar como sicaria.

Acompañando a criminales, le tocó ver cómo le rompieron el cráneo a un hombre con un mazo de acero para romper concreto. Ella se negó  a limpiar el desorden y se fue a un bar a escuchar música, triste, temiendo que algún día le fuera a pasar eso a ella. Sin embargo se habituaría a la sangre y luego aprendería a gozar con ella.

"Desde niña fui rebelde, drogadicta y alcohólica", cuenta la mujer que quedó embarazada a los quince años de un señor veinte años más grandes que ella.

Su trabajo de halcona consistía en vigilar las carreteras ocho horas corridas, para reportar si pasaban patrullas. Si no cumplía bien su trabajo, la castigaban amarrándola hasta una semana, dándole solo un taco al día de comer y agua.

La misma organización zeta mató a su hermano meses antes de que ella empezara a prestar sus servicios a ellos, pero se vio obligada a colaborar con ellos y ya no pude zafarse. A ellos les dio toda la lealtad y respeto.

Pero la parte más escalofriante de su testimonio es la confesión de sus prácticas necrófias a las que se aficionó.

Y es que la mujer reveló que aunque al principio le daba horror ver la sangre derramada, luego empezó a sentir un deleite por ella, rociándose con ella, bañándose con ella luego de asesinar a una victima, y al final ya incluso la bebía cuando aún estaba caliente.

Rodeada de crímenes se hizo tan insensible, que se le señala por haber tenido sexo con los cadáveres de los decapitados. Usaba tanto las cabezas separadas como el resto del cuerpo para darse placer ella misma.

Todavía espera su sentencia.


Escrito por: Alexander Garín Rojas