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Ya comenzó la quiebra de Pemex desde hace un año, afirmó la revista Forbes




Emilio Lozoya Austin pudo haber sido el administrador de una empresa que se presumía próspera, mas necesitaba de una trasformación de fondo para su consolidación. Sin embargo, el colapso del precio de petróleo hizo esto imposible.
Lozoya mantenía una potente inercia institucional mintiendo el curso diseñado para la empresa en la que se posicionó al arranque del sexenio. Pero en meses recientes se supo que Pemex lo que necesita es un enterrador.
La llegada al frente de la paraestatal de José Antonio González Anaya debe ser considerada como el inicio del virtual proceso de quiebra. Esto se da porque Lozoya no pudo o no quiso enfrentar dos grandes problemas y que ahora son prioridades de su sucesor.
El primero es recortar a fondo la inversión de Pemex. Lozoya se endeudó e inyectó dinero en grandes sumas para encontrar un nuevo manto petrolero más grande del mundo en aguas de Campeche. Petrolero que pudiera explotarse de manera abundante a precios razonables. Así repuntar la producción petrolera del país que francamente estaba estacionada y en desplome.
Esto nunca pasó y el costo de la apuesta de multiplicó. Lozoya heredó la tendencia inversionista, mintiéndola.  Era imperativo reconocer las gigantes perdidas.
Al enfrentar al sindicato de Pemex, Lozoya no pudo hacer esto. Rescatar a la empresa con dinero público será impopular pero necesario, pero ello ocurre mientras los principales líderes sindicales llevan una vida digna de petroleros árabe, lo que es políticamente invendible.
El mayor reto del nuevo director de Pemex es negociar con dureza con el sindicato de Pemex.


Escrito por: Alexander Garín Rojas