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El celibato es una forma excelente de controlar a los sacerdotes y llegar puros ante Dios, afirma la iglesia



Para el presbítero Gary Selin autor del libro “Celibato sacerdotal: fundamentos teológicos”, una investigación bíblica y en textos patrísticos y del magisterio, el celibato es una “joya brillante” en el sacerdocio y “la principal razón para el celibato es que perfecciona la configuración del sacerdote con Jesucristo, cabeza de la Iglesia.”

Él argumenta que el celibato permite al sacerdote entregarse plenamente a su parroquia y que tiene argumentos prácticos, siendo el más común el que sea difícil para una parroquia soportar los gastos  de un sacerdote casado y con familia.

Para el autor, el celibato, permite al sacerdote “ser un padre con un amor indiviso, así como pastor, sirviente y esposo hacia la Iglesia”.

Gary Selin se ordenó sacerdote en 2003. Fue durante sus estudios en el seminario donde le surgió la inquietud por profundizar en el celibato, tras escuchar una charla magistral sobre el mismo, el cual le dejó con una sensación maravillosa.



Aprendió que celibato en los sacerdotes es más que disciplina o ley, que es parte integral del sacerdocio y que está relacionado directamente con la Eucarística. “La Eucaristía, fuente y cumbre del ministerio y de la vida sacerdotal, y fuente de la caridad pastoral, permite al sacerdote amar a Cristo y a su Iglesia con un amor intenso e indiviso”, indica.

Luego de ordenarse sacerdote, estudió en la Catholic University. Allí escribió su obra.

Aunque acepta que es probable que la mayoría de los apóstoles hayan tenido esposa, encuentra que en los primeros siglos del cristianismo los sacerdotes debían permanecer en continencia luego de ordenarse. “Los Padres de la Iglesia también proporcionaron razones teológicas para apoyar esta disciplina de continencia perpetua para los clérigos”.

El sacerdote explica que el celibato fue establecido en la Iglesia para los hombres no casados. En el caso de la Iglesia de Oriente, se permitió a los sacerdotes casados seguir teniendo relaciones conyugales, absteniéndose sin embargo antes de practicar la liturgia y esta práctica se considera legítima.


Escrito por: Alexander Garín Rojas