Header Ads

El lamebotas de Chumel Torres se cree historiador porque publicó su libro "La historia de la república"






Ahora resulta que Chumel Torres se cree historiador: después de su publicación del impreso Historia de la República, se debate si es su autor se convierte directamente en académico. 

De forma semejante a que el poemario de Dulce María no convierte a la ex RBD en poetisa; así un tibio libro de historia nacional escrito no hace a Torres el siguiente Enrique Krauze. 

Aquí algunos motivos. 

Chumel Torres es el ingeniero que se volvió youtuber e influencer en un pestañeo gracias a su canal de YouTube "El Pulso de la República". Luego entabló pláticas con la Editorial Aguilar quien le propuso la publicación de un libro. 8 meses se demoró Chumel en verter sus ideas, chistes y misoginia para escribir Historia de la República.

Sin embargo, allí viene la cuestión. ¿Es válido decir que Chumel, sin una pizca de formación histórica, conocimiento historiográfico ni academico es un nuevo historiador? ¿O es que los de mente simplona y editores light de espectáculos se dejan deslumbrar con cualquier novedad?

Aunque el conocimiento histórico no está limitado a los historiadores, tampoco podemos pensar que cualquier youtuber que publica un impreso es ya un autor de renombre. No confundamos lo grandioso con lo grandote. 

Detrás de estas publicaciones se encuentran intereses y en su mayoría son monetarios, de negocios, de lanzar al estrellato a personajes de moda, entre otros.

Además, Chumel se contradice en su propia verdad. Por un lado, en el prólogo afirma que se instruyó con historiadores profesionales para realizar su investigación. Sin embargo, un poco más delabte afirma que su visión no es más que un trabajo "no serio". Esto lo convierte en un arma de dos filos, y con ninguna hoja se corta el youtuber: si el libro es un éxito, todo el mérito es para él. Si no, el ejercicio se trataba de una gran broma. 

De seriedad, nada. Ese es el juego de Chumel en el que no hay que caer. Galimatías.





Escrito por: Diego Velázquez R.