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USA infectó intencionalmente a 2 mil guatemaltecos con sifilis, Hillary Clinton pidió disculpas




Así es como se realiza un escándalo de grandes proporciones, con una mezcla de indolencia, experimentos en humanos y la participación de Estados Unidos. Es el caso del drama de los guatemaltecos infectados por el gobierno americano hace 60 años.

Sin saberlo, se les infectó de sífilis, gonorrea y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS) para estudiar en humanos el desarrollo de las infecciones y para evaluar la capacidad de prevención de la penicilina.

En total mil 500 hombres fueron víctimas de estas prácticas entre los años 1946 y 1968. 

Los métodos fueron varios: recurrir a prostitutas infectadas quienes pasaban la noche con reclusos, a niños de orfanato también se les infectaba, a enfermos mentales y a militares de poca importancia que aceptaban ‘vacunas’ e ‘inyecciones’ sin realizar muchas preguntas. 

Así lo constata Héctor Bardales, de 88 años que a sus 18 fue infectado mientras servía en el Ejército Nacional de Guatemala. “Una vez fui al cuartel general y allí me abordaron. Un hombre vestido de blanco me iba a poner una inyección y me decía en inglés ‘this is good for you’, me decía.

La sífilis es una ETS provocada por una bacteria que, si se detecta a tiempo, se puede curar fácilmente con antibióticos. Sin embargo, en casos donde es detectada tardíamente puede causar daño cerebral, ceguera, sordera, dolores ‘relámpagos’ y alucinaciones.

Gente a lo largo y ancho del país comenzó a contagiarse. Los inoculados no fueron las únicas víctimas: las mujeres de militares y sus hijos también se contagiaron. Como se sabe la sífilis se puede pasar de la madre al bebé durante el embarazo y causar defectos congénitos o abortos súbitos.

Justicia que no llega

El caso como el de Héctor ha hecho eco entre las víctimas de una demanda colectiva que ha presentado un grupo de 773 personas contra la Universidad John Hopkins y la Fundación Rockefeller. Según la demanda, médicos y científicos vinculados a estas instituciones ‘participaron, aprobaron, fomentaron, ayudaron y fueron cómplices’ de los experimentos llevados a cabo en Guatemala hasta bien entrados los años 50.
Los afectados piden un millón de dólares en concepto de daños por ‘crueldad y desprecio’.

Sin embargo, los inculpados se defienden: “Éste no fue un estudio de la Johns Hopkins. John Hopkins no lo inició, no financió, dirigió o condujo el estudio en Guatemala”, defendió la institución que cuenta con uno de los mejores hospitales de Baltimore, Maryland y en el país. Aunque la universidad y el grupo tampoco especifican a quien respondía legal y administrativamente mientras se trabajó en estos experimentos.

El grupo farmacéutico Bristol-Myers Squibb, la compañía que suministró la penicilina para los experimentos también fue incluido en la querella.

La investigadora estadounidense Susan Rever, del Wellesley College, se encontró con estos documentos del Dr. John Cutter cuando trabajaba con él; el hombre llevó a cabo experimentos para el servicio de salud pública de Estados Unidos durante la década de los cincuentas.

A los guatemaltecos no se les informó de la naturaleza de los experimentos, ni sobre las consecuencias de contraer la enfermedad.

Aunque Barak Obama pidió disculpas en el año 2010 y prometió que se crearía la comisión presidencial de bioética y se compensaría a las víctimas, esa ayuda jamás llegó.



Escrito por: Diego Velázquez R.