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Juchitán el paraíso gay destruido por el sismo de 8.4 grados




El día 7 de agosto un sismo arrasó con la ciudad de Juchitán y Matías Romero en Oaxaca.

Te contamos un poco de esta ciudad.

Parece que en este poblado de Oaxaca definitivamente han aceptado a los miembros de un tercer género humano. Es un lugar donde la comunidad gay ha encontrado su paraíso y así lo describe el documental de la productora Alejandra Islas, recién premiada en Morelia por este film al que Semanario tuvo acceso exclusivo. Ni en las grandes urbes, ni en esta capital coahuilense, puede verse tal apertura hacia los hombres homosexuales, aunque cabe decir, que ahí las lesbianas aún no son aceptadas

Cuenta la leyenda que un día, Vicente Ferrer, santo patrono de Juchitán, llevaba en su espalda, por encargo de Dios, un saco lleno de homosexuales.

En cada lugar por donde pasaba iba dejando uno, pero cuando llegó a Juchitán tropezó, se le rompió el saco y todos se derramaron ahí.

Pero más allá de la creencia que Dios tiró en Juchitán a algunos varones ‘confundidos’, los Muxe’s argumentan que realmente no hay más cantidad de homosexuales en Juchitán, en comparación con otros lugares de la República, sino que ahí son libres de bordar su destino y vestir con orgullo las prendas típicas del itsmo de Tehuantepec.

Entre las flores de esta región, se asoma el paraíso homosexual de Juchitán de Zaragoza, donde la cultura zapoteca le abre un horizonte a la diversidad y todos aquellos hombres a quienes les gusta “la mojarrita en caldo”, se pasean por las calles con sus enaguas bordadas, convirtiéndose en Muxe’s: “auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro”.

El término Muxe significa en zapoteco ‘mujer’. En el Juchitán de San Vicente, Juchitán de las Flores y Juchitán de las Locas, se refiere a todos aquellos hombres que nacieron con el deseo de ser mujeres y viven como las iguanas verdes, “de palo en palo”, encaramándose en los árboles.

La comunidad gay del territorio nacional se deslumbra ante este arcoiris oaxaqueño, donde la tolerancia de sus habitantes va más allá de las preferencias sexuales, de los pantalones y las faldas, y la vida sigue su curso.

“No se reproducen, pero cada día son más, aquí se aceptan porque se quiere al ser humano, a la sangre…”, exclama una señora juchiteca, orgullosa de sus raíces y de tener un amigo Muxe.
“No es cierto que haya más gays aquí que en otras partes, lo que pasa es que somos más visibles”, confiesa un Muxe.

Encantados de su entorno, se asumen y viven, están en las escuelas, en el mar, en sus telares, en las cantinas, en las tiendas, en el panteón y en la tierra del mercado, donde por cierto, entran con la mano en la cintura y se hacen amigos de las mujeres, se vuelven comadres, confidentes y hasta asistentes de belleza.

Ya desbordados en el documental de Alejandra Islas, hablan sin inhibiciones y describen al hombre juchiteco por “sabores”: “los del otro lado del río son los de pito dulce, y todos aquellos que se van de pesca al mar adquieren el condimento salado de la costa”.

Algunos vestidos de mujer, otros no, se reúnen, dicen, desde hace más de mil cervezas y 30 años para guiarse, ayudarse y defenderse.

Y en grupo tienen un pseudónimo, se describen como “Hermanas de la Vela, Auténticas Intrépidas y Buscadoras de Peligro”.


¿Acaso será sodoma y gomorra?

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