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Juan dejó la drogadicción y los vicios gracias a San Judas, peregrinó para agradecer por los milagros



Fotografía: el universal
Juan Carlos Jaramillo era drogadicto, “yo sé quién soy y lo que vengo a hacer aquí: a darle gracias”. Vive en Cancún, aunque es de la colonia El Arenal en la Ciudad de México. Desde ahí, rumbo al aeropuerto él y su familia, la Avendaño Jaramillo, caminó hacia la iglesia de San Hipólito en avenida Paseo de la Reforma esquina Hidalgo. Anduvieron bajo el sol, todos juntos, vistiendo playeras blancas con la imagen del Santo de las causas desesperadas.

Así lo conoce también Juan Carlos, de 22 años, porque a él, asegura, lo ayudó a dejar los vicios, “a salir de la drogadicción”. Pero su devoción inició después de que una de sus familiares se enfermó de gravedad, y su tío le pidió ayuda al santo. Desde ese momento, Juan Carlos se encomendó. Por eso, cada año desde 2012, lleva una figura hecha del santo que mide un metro ochenta centímetros. Y hace una fiesta en su casa, donde invita a todos los devotos de San Judas como él.

Cuando los Avendaño llegaron a la iglesia, una de las mujeres de esta peregrinación era quien cargaba la figura, que incluso era más alta y grande que ella. Eran casi las 2:00 de la tarde y la avenida estaba cerrada al paso vehicular. Decenas de puestos de veladoras, pulseras, playeras, estampas, inciensos, bolsas, tacos y hamburguesas se adueñaron de la calle, aunque también la basura de que dejaron los fieles a su paso.

Para entrar a la iglesia hay que esperar varios minutos, más de 15. Pero aún así la gente hizo guardias afuera de la fachada principal, a unos pasos de un adorno de flores que los religiosos le hicieron al santo.

Los 28 de cada mes, cientos de fieles visitan a San Judas para agradecerle por los favores que les hizo en el año, explica Antonio, de 56 años, quien es un guardia de seguridad que aunque tradicionalmente visita el templo con su esposa, en esta ocasión lo hizo solo. Temprano subió al metro cargando un altar de madera que hizo él solo. Adentro, una imagen del santo de las causas difíciles y tres veladoras. Cuando Antonio camina entre los puestos ambulantes afuera de la iglesia, la gente, sobre todos señoras, se le acercan y le dicen “qué bonito está su altar” y le dan flores para que lo decore.

De vez en vez llegan fieles a regalar objetos a los que transitan. Son lápices, dulces, pulseras, rosas e imágenes religiosas. A pocos metros hay una peregrinación que llegó desde Toluca.

Hombres inflan globos con y los pegan alrededor de una estatua del apóstol. Los más de 100 peregrinos llegaron a las 4:00 de la madrugada a la iglesia. Ahora sólo esperan unos minutos para regresar a sus casas, y volver el próximo año.


Con información del universal